Way of The Wicked

Sesión 26

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La expertas manos de Krahios recorrían suavemente las cubiertas del libro que sostenía frente a sus ojos. Sin duda el tiflin amaba los libros, ya que desde que descubrió la magia de la lectura, fueron su única compañía durante sus años de adiestramiento con Dangastor. Desde que aprendió a escribir había perfeccionado su caligrafía hasta convertirla en un arte y acostumbraba a tomar notar sobre todo el conocimiento que fuera puesto a su alcance. Su habitación en el Cuerno se encontraba completamente llena de notas y diarios, incluso de dibujos y diagramas de todas las criaturas, objetos curiosos y edificios que había conocido desde que empezó su viaje. Mapas de la prisión de Brandescar hechos a mano por él mismo compartían estante junto a los retratos de Adrastrus y Tiadora que a su vez descansaban sobre una pila de diagramas y bocetos de sus esqueléticas creaciones. De una de las paredes de su cuarto colgaba incluso un diagrama que explicaba con fundamentos científicos las cualidades de vuelo de Kiliketz después de haber sido estudiadas. Tantos días tranquilos en el Cuerno habían permitido al nigromante expandir su mente y dedicarse a los más dispares estudios. Ahora se encontraba ante su última creación, Krahios había aprendido a encuadernar libros, forrar sus tapas, decorar y ensamblar sus páginas y perfeccionar aún más su caligrafía y sus bocetos y dibujos. Sin duda había tenido mucho tiempo para ello y mientras contemplaba la recopilación de sus notas que tenía en sus manos se encontraba profundamente orgulloso. Necesitaría varios tomos más como este, bastantes más de hecho, para llegar a codificar todos su escritos y dibujos, pero por el momento aquel primer volumen era un excelente trabajo y nadie podría llegar a pensar que no había sido confeccionado por un experto artesano en un cómodo taller sino por uno de los viles y taimados señores del Cuerno de Abaddon encuadernando sus libros encerrado en las mismísimas entrañas de la tierra.

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Krahios levantó la mirada y sus ojos se cruzaron con los de Thanos. El campeón esqueleto lo observaba desde el interior de su yelmo con gesto inexpresivo. Hacía ya mucho tiempo que éste había renunciado a sus intentos por comprender las excentricidades de su amo. ¿Cómo podría nunca el nigromante hacerle comprender al inmortal guerrero que un sistema exhaustivo de registros era vital para sus diferentes estudios?. La mirada del tiflin se dirigió al centro de la mesa donde trabajaba, allí Kiliketz jugaba despreocupado con un pequeño frasco de hielo alquímico del que desviaba su atención de cuando en cuando para exhalar su helado aliento sobre Kumanda, quien a estas alturas se encontraba ya cubierto por caprichosas formas de hielo que se habían tornado sólidas entre los huecos de sus huesos carmesí. Las consiguientes risotadas del mephit rompían el silencio de la habitación. krahios había elegido terminar su volumen en la sala de Guerra dado que ya quedaba poco para la reunión semanal de los señores del Cuerno y siempre le gustaba llevar algo con lo que mantenerse ocupado en previsión de que alguno o varios de ellos llegaran más tarde de lo acordado.

Todo apuntaba que sería un día tranquilo pese a ser el primero de la última semana del ritual que rompería el sello y traería de vuelta al mundo a Vetra Kali. Krahios no podía evitar preguntarse si realmente era buena idea invocar de vuelta al plano material a una criatura semejante. El caos y la destrucción que pudiera traer al mundo no era su problema pero le inquietaba la idea de si el daemon sería capaz de identificarles como potenciales aliados o les consideraría una amenaza. ¿Les entregaría las Lágrimas de Aklis voluntariamente o deberían enfrentarse a él y destruirle?, ¿cómo podrían destruir a una criatura como aquella?, ¿qué conjuros utilizaría?. Por un momento se planteó la posibilidad de pedirle consejo a Dangastor, pero la relación con su maestro se había vuelto tensa desde su llegada al Cuerno. ¿Si destruyeran a Vetra Kali habría alguna forma de robarle parte de su poder?. El tiflin se sintió momentáneamente excitado al pensar en las puertas de conocimiento que le abriría aprehender aunque sólo fuera un pequeño fragmento del alma del daemon. La sabiduría acumulada durante eones por una criatura tan antigua como el tiempo, incluso anterior a la llegada de los dioses. Pero por otra parte si decidían atacar a Vetra Kali y fallaban lo pagarían con la vida. Plantearía aquellas dudas en la reunión, sentía curiosidad por escuchar la opinión del resto del grupo. Probablemente Maldrek querría destruir a la criatura. Su mera existencia era una ofensa a los ojos de Asmodeo y el fanatismo y la conexión con su dios eran muy fuertes. Sin duda semejante fe ciega era lo que le confería sus poderes. Seguramente Deimos se decidiría por no enfrentarse a la criatura. Estos meses pasados en el Cuerno lo habían vuelto letárgico y apocado. Nada quedaba ya de aquel fiero y temerario drow que todos habían conocido en Brandescar. Respecto a Turek tenía algunas dudas, pero se inclinaba más a pensar que preferiría no atacar a Vetra Kali. Al igual que había pasado con Deimos había perdido su energía con el pasar de los meses en el templo. ¿Tendría acaso el aura del Cuerno estos efectos en los débiles de voluntad?.

Un tremendo estruendo interrumpió los pensamientos del nigromante. Como si la propia tierra quisiera sacudirse de encima la maldad del Cuerno, se produjo un terremoto de potentes dimensiones. Con ojos expertos, Krahios, haciendo uso de sus conocimientos de ingeniería, estudió la estructura que durante meses había sido su hogar. El terremoto no duraría mucho y el antiguo templo aguantaría en pie sin comprometer su estructura. Con paso ágil se levantó de su trono de hueso y se ubicó bajo la arcada que daba acceso a la habitación contigua. En ese punto la estructura del techo era mucho más resistente y no correría el riesgo de que le cayeran escombros encima. A su paso indicó a Thanos y Kumanda que levantarán el enorme escudo del guerrero sobre sus cabezas apretándolo contra la arcada a fin de darle un mayor refuerzo. Sin necesidad de decirle nada, Kiliketz ya se encontraba junto a su amo, ambos resguardados bajo el escudo. Sin duda el astuto mephit había aprendido que en caso de peligro lo más seguro era permanecer siempre junto a su amo. Durante algunos minutos la tierra pareció esforzarse con toda su energía en destruir la espira que conformaba el Cuerno, pero la magia que moraba en él hizo que sus esfuerzos resultaran inútiles. Pese a todo, Krahios podía escuchar desde donde se encontraba como varios muros del templo se venían abajo y en algunos lugares el techo se hundía sepultando habitaciones enteras. Finalmente todo acabó. Kiliketz fue el primero en querer salir de su refugio pero su amo lo detuvo tomándole del brazo mientras con su otra mano señalaba la nube de polvo que inundaba los alrededores. Cuando la nube se asentó el nigromante ordenó a su séquito seguirlo mientras recorría todos los rincones del cuerno evaluando los daños. Con gesto tranquilo y de forma mecánica se limitó a tomar notas de los daños en uno de sus libros actuando como si la tierra no hubiera estado a punto de abrirse en dos para engullirlos a todos.

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Pocas horas después los señores del Noveno Nudo de Nessus se reunieron en la Sala de Guerra para decidir las medidas a tomar en el transcurso de esa semana. Primero Krahios informó al resto de los daños sufridos por el Cuerno. la estructura se mantenía intacta pero se habían desprendido varios muros y techos. La mayoría afectaban únicamente a la distribución interna del Cuerno, como el hundimiento del techo de la habitación de Maldrek. Pero el terremoto había provocado dos brechas importantes en la seguridad del templo; una en la pared del laboratorio, dejando en el tercer piso una enorme abertura hacia el exterior y otra en el propio sanctum, el muro de piedra convocado mediante la magia por Maldrek había sido completamente destruido dejando la balconada abierta como cuando los cuatro señores tomaron el Cuerno por primera vez. La mitad de las trampas del Cuerno habían sido también destruidas por los escombros y algunas de ellas habían sido activadas por accidente por los sirvientes humanos que en su huida del Cuerno cuando se inició el terremoto no tuvieron la prudencia necesaria para evitarlas. Ese era otro de los problemas, la mitad de los servidores del Cuerno habían desertado o muerto durante el terremoto. Ahora los cuatro se encontraban solos y prácticamente desprotegidos en un templo que ya no era seguro. Ya no tenían suficientes hombres para vigilar las plantas inferiores y Krahios propuso abandonar la primera planta a su suerte y replegarse hacia arriba. Si mantenían a lo que quedaba de sus sirvientes guardando la segunda planta y ellos se encerraban el sanctum aún podrían mantener el templo seguro. Para ello tendría que destruir el teletransporte del templo de la primera planta y una vez hecho esto ya no habría vuelta atrás. Pero sin duda era necesario. Los señores del Cuerno se mostraron de acuerdo y dedicaron sus esfuerzos a reconstruir los muros del laboratorio con ayuda de los esqueletos del nigromante y Maldrek conjuraría un nuevo muro para cubrir el acceso al sanctum de nuevo.

Mientras se encontraban junto a la balconada abierta sopesando sus opciones un poderoso rayo de electricidad cruzó la habitación alcanzando a Krahios y algunos de sus esqueletos. Con una gran deflagración de energía el rayo se estrelló contra los hechizos protectores del nigromante disipando su magia y alcanzó en parte su cuerpo. Los cuatro señores del Cuerno reaccionaron con rapidez. Deimos se pegó a la pared más cercana y desapareció de la vista por completo. Krahios conjuró una mano formada por energía nigromántica. Maldrek utilizó los dones de Asmodeo para curar las heridas del nigromante y Turek aprestó su arco listo para atacar a cualquiera que se presentara en su línea de visión. Tras unos segundo el atacante desconocido se dejó ver. El Noveno Nudo de Nessus se encontró frente a un avoral, una angelical figura del bien que volando a bastante distancia del Cuerno convocaba otro rayo de energía que alcanzaba a Krahios de nuevo. La poderosa voluntad del nigromante lo mantuvo en pie y la espectral mano que había convocado se lanzó contra su enemigo con el objetivo de entregarle un poderoso hechizo. El avoral la interceptó destruyéndola con sus garras y Turek aprovechó esa distracción para dispararle una certera flecha que lo alcanzó en el pecho al mismo tiempo que una bola de fuego conjurada por Maldrek impactaba sobre el celestial. El alado Grumblejack salió del templo para enfrentarse en combate directo contra la criatura mientras Turek continuaba acosándolo con sus flechas. Tras un breve combate Grumblejack fue derrotado precipitándose sobre la ladera del cuerno y el avoral, malherido huyó dando por perdida esta batalla contra las fuerzas del mal.

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Tras el poderoso ataque, el Noveno Nudo continuó con sus trabajos para reforzar el Cuerno con renovadas convicciones. Maldrek solicitó los favores de Asmodeo y conjuró una estructura de piedra para cerrar la brecha del sanctum. Mientras el muro se configuraba para adaptarse a la abertura y cerrar el sanctum por completo Krahios no pudo evitar el pensamiento de estar construyendo su propia tumba. Prácticamente se habían enterrado vivos para proteger el sanctum a toda costa. Cualquier posibilidad de huir había quedado eliminada, habían quemado sus naves y desde ese momento cada batalla librada sólo tenía dos finales posibles.

Krahios trasladó algunas cosas de su habitación hacia el sanctum y reclamó un pequeño espacio de la enorme sala para él instalando algunas mantas sobre el suelo y una pequeña mesa frente a ellas. Mientras sus esqueletos subían todas las provisiones necesarias al sanctum acomodándolas junto a las nuevas dependencias de su amo, dándole así alguna protección mientras éste se encontrara descansando.

El día siguiente transcurrió en relativa calma pese a las tensiones provocadas por sentir el Cuerno desprotegido. Krahios escrutaba con frecuencia a través del Ojo de la Vigilancia de Vetra Kali para tener conocimiento de lo que sucedía fuera del sanctum. Durante la oración del mediodía unas extrañas criaturas de niebla y sombra surgieron de las profundidades del vacío para manifestarse en el Cuerno. Krahios comprendió al instante que estas criaturas no pertenecían a este mundo sino a algún plano distante y que el ritual que permitiría entrar a Vetra Kali en este mundo tal vez también abriría las puertas a criaturas incluso más extrañas que el propio daemon. La batalla fue larga y difícil, con aquellas criaturas escurridizas desplazándose por la habitación, atacando y desapareciendo. Finalmente todas encontraron su fin gracias al trabajo en equipo de los cuatro señores del Cuerno.

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El tercer día de la última semana los cuatro señores del Cuerno sintieron como la tierra temblaba bajo sus pies cuando el muro del laboratorio fue destruido por alguna fuerza desconocida. Krahios se incorporó de inmediato dejando sus libros a un lado y se aproximó al altar. mediante el Ojo de la Vigilancia pudo ver como un dragón plateado recorría las habitaciones del tercer piso. El nigromante puso en alerta al resto del Nudo que tomaron posiciones rodeando la escalera, ahora el único acceso hasta el sanctum. Cuando el dragón encontró las escaleras utilizó su magia para subir por ellas en forma de guerrero nórdico humano. Cuando se encontraba a medio camino, el nigromante envió a uno de sus sirvientes esqueletos escaleras abajo. El dragón se preparó para enfrentarse a lo que fuera que bajara las escaleras con ese extraño ruido mezcla de metal y de huesos. Pero el reptil no estaba preparado para que el esqueleto activara con sus pasos la trampa de bola de fuego puesta allí por Maldrek cuando reforzaron el Cuerno. El enorme estallido de fuego retumbaba contra las paredes de la escalera de caracol elevando aún más la temperatura y el escaldado dragón descendió a la planta inferior para curar sus heridas. El dragón recuperó su auténtica forma y volvió a ascender por la escalera estirando su cuello de reptil para exhalar su gélido aliento sobre los defensores del sanctum. A cambio recibió una bola de fuego conjurada por Maldrek que lo dejó malherido y decidió emprender la huida. No imaginaba el reptil que el cazador del Noveno Nudo se encontraba al acecho. presto como un rayo y prácticamente de un salto Turek descendió por la escalera para dar caza a la bestia. El dragón veía muy limitado su movimiento al encontrarse arrastrándose por un espacio demasiado estrecho para él. Con sus garras intentó repeler los ataques de Turek, pero el hombre bestia había fijado su presa y ya no cesaría sus ataques hasta acabar con ella. De varios certeros zarpazos cortó el esbelto cuello del dragón y la vida abandonó su cuerpo dejando un enorme charco de sangre que se deslizaba escaleras abajo. Allí quedó muerto, como un terrible sacrificio ante un altar de pura maldad. Una maldad que dio sin éxito su vida por detener. Antes de que Turek se diera cuenta Krahios ya se encontraba a su lado observando a la bestia y dibujando una especie de diagrama mientras estudiaba su cuerpo. Turek conocía bien al nigromante y pensó que al fin y al cabo la criatura no permanecería muerta durante demasiado tiempo. No muerta del todo al menos.

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dmartind_81 Ivan82

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