Way of The Wicked

Sesión 10

La toma de Ballentyne

Los exploradores no podían crédito a lo que veían, el Norte había entrado en el Reino de Talingarde.

El pequeño pueblo mercante de Aldencross había sido aniquilado, sus gentes masacradas, cientos de cadáveres mutilados, violados, y semidevorados yacían por doquier. Qué seres salvajes podrían haber provocado esto?…

A lo lejos, la otrora inexpugnable torre Ballentyne ardía, inmensas columnas de humo se alzaban sobre ella.

Debemos volver e informar de esto inmediatamente

Dijo el más joven de los dos, asustado, el barbilampiño explorador no estaba preparado para estar en la zona por más tiempo, pues temía que las bestias que habían roto la brecha en el muro del norte volvieses

Volvemos de inmediato a Ghastenhall, el Conde ha de ser informado. Estamos siendo atacados Bert, es mucho peor de lo que nos imaginábamos…

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El gélido viento invernal no parecía afectar en absoluto a las tres criaturas que observaban desde las almenas. Desde allí, en lo más alto de la torre de homenaje, se divisaba la aldea de Aldencros y por supuesto el resto de la fortaleza de Ballentyne. De las tres figuras tan sólo una parecía moverse, mientras que las otras dos se mantenían firmes como estatuas, silenciosos guardianes de su amo. El fuerte ruido provocado por el viento que agitaba su ligera túnica no parecía incomodar al tiefling que bajo la mirada inexpresiva de sus esqueléticos guardianes se dedicaba a manipular con un cuchillo un objeto de formas redondeadas que sostenía entre las manos. El nigromante, en actitud relajada, levantó la mirada para observar a sus criaturas. El escudo de armas de la guarnición de Ballentyne ornaba sus uniformes y armaduras. Antaño miembros de la guarnición, ahora servían a la voluntad de uno de sus conquistadores.

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Krahios levantó la mirada hacia el cielo a tiempo para ver como su mephit descendía desde lo alto para posarse suavemente frente a él, disfrutando de la sensación fresca de la nieve bajo sus patas.

Ya vienen amo

entonó solemne la criatura.

Bien

susurró el nigromante mientras devolvía su atención un momento a su tarea con el cuchillo mientras gotas de brillante carmesí regaban la nieve bajo él a medida que manipulaba el objeto.

¿Comprendes lo que acabamos de hacer, Kiliketz?

preguntó mientras dirigía su mirada al horizonte, hacia los caminos del norte que conducían al poderoso ejército de Sakkarot.

El pequeño mephit dirigió su mirada al suelo, reflexionando un momento para luego levantar la vista hacia su señor con el ceño fruncido por la duda.

No entiendo amo….yo….

¿Entiendes Kiliketz que desde hoy el mundo que todos los humanos de Talingarde conocen cambiará para siempre?, ¿entiendes que hemos dado el primer paso hacia la perdición de todos ellos?.

Sí amo, nuestro enemigos caerán, el amo llevará el frío al mundo de los humanos y Kiliketz verá sus cuerpos congelados.

O tal vez hallamos encendido una hoguera que no podremos controlar

murmuró el nigromante reflexivo.

No

repuso el mephit mientras se encaramaba de un salto a las almenas.

El amo es poderoso, el amo es muy listo y siempre sabe muy bien qué hacer. El amo podrá controlar cualquier cosa que venga. El corazón del amo es de hielo como Kiliketz, el amo no se oculta del frío como los humanos, el amo no se oculta de nada.

Krahios dirigió la mirada al mephit para después contemplar a los dos esqueletos que se encontraban allí. Ante su mirada ellos levantaron la cabeza esperando a cumplir su voluntad. Un crujido de huesos acompañó su movimiento. El nigromante volvió a concentrarse en su cuchillo, esta vez para examinar su trabajo, dando ya por terminada su tarea. Finalmente con un gesto de aprobación levantó el objeto mostrándoselo al mephit. Entre las rojas manos del tiefling se encontraba el cráneo, pulido y descarnado, del Padre Donnigam, antiguo sacerdote de la Torre de Ballentyne.

Yo soy la venganza

dijo mientras extraía una corta cadena de entre sus ropas.

el frío y la muerte caerán sobre Talingarde y no quedará vivo un solo servidor de Mitra

se repitió para sí mismo como un credo.

El nigromante engarzó la cadena al cráneo mediante un grueso tornillo de acero y se la colgó de su cinturón mientras se dirigía hacia la trampilla que bajaba hacia el interior de la fortaleza.

Vamos Kiliketz, hemos obtenido la victoria y bajaremos a reclamar nuestro triunfo.

El mephit descendió de las almenas y siguió a su señor alegremente mientras tras él un acompasado crujido de huesos y metal delataba el paso de los dos esqueletos.
Antes de llegar a la trampilla la sombría figura de Yetar se asomó por ella.

Ya vienen

afirmó, adelantándose unos instantes al brutal estallido provocado por un ejército de osgos alcanzando la fortaleza.

Comments

Ivi, te lo he retocado. Para que no se vean los tachones. Hay que darle al bocadillo cuando quieras que algo lo diga alguien.

Cuando pueda le echo un ojo y te comento. Y también acabo de escribir algo más, que sólo puse el inicio.

Cuando hagáis cosas así, escritas y chulas, os daré positivos ;-)

Sesión 10
 

Leído y repasado. Muy chulo, muy evocadora la escena antes de la llegada de Sakkarot.

Creo que mereces un digno positivo por el texto.

Os animo a los demás a hacer cosillas como estas, que enriquezcan el juego, ayuden a dar forma y color a vuestros personajes y en general hagan el juego mejor para todos.

Y Sergio, por dios, haz el trasfondo….jejeje

Sesión 10
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