Way of The Wicked

Presesión 24

Reunión semanal de los Señores del Cuerno

La gran sala de guerra se encontraba en silencio mientras tres de los grandes señores del Cuerno ocupaban sus asientos. Como siempre Krahios ya se encontraba allí cuando llegaron, con su extremo de la mesa atestado de mapas, de libros y de sus notas personales. Mientras el resto se sentaban el nigromante se encontraba repasando sus últimas notas sentado sobre su imponente trono de huesos forrado con piel humana. Tras él se encontraba la acorazada figura de Thanos, manteniéndose de pie en su eterna guardia. A su lado el esquelético Kumanda impregnaba el suelo con la sangre fresca que siempre se deslizaba recubriendo su cuerpo y sobre el respaldo del trono el pequeño mephit de hielo ojeaba las notas de su amo en un intento por descifrar su encriptada escritura.

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Uno a uno, el resto se acomodaron en sus asientos, Turek en su tosca silla fabricada con huesos y astas de animales cazados por él mismo, Maldrek en su elegante trono de rojo terciopelo grabado con símbolos sagrados de Asmodeo y Deimos sobre un oscuro trono labrado en obsidiana y cubierto de cojines de seda.

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Junto a Turek, manteniéndose de pie, aguardaba la enorme figura de Grumblejack. El enorme ogro cruzó su mirada con Krahios mientras éste lo sorprendió escudriñando algunos de los mapas que colgaban de las paredes de la sala de guerra. La mirada perdida del ogro, intentando desentrañar los símbolos y marcas que el nigromante había trazado en algunos de los mapas hizo que éste enarcara una ceja.

Como siempre fue Krahios quien rompió el silencio reinante en la sala.

-Señores, debemos planear las actividades del Cuerno de Abaddon en el transcurso de esta nueva semana.

-Yo voto por enviar a nuestros hombres a saquear las tierras cercanas al Cuerno, necesitamos oro para comprar nuevos componentes y fabricar algunos artefactos mágicos – se apresuró a expresar Maldrek.

Aquel sacerdote era sin duda un hombre de gran juicio y habilidad, pero a los ojos de Krahios aquella malsana obsesión por el oro podría traerle problemas en un futuro, aunque por otra parte los experimentos del nigromante necesitaban componentes raros y muy caros y no le vendrían mal algunos fondos.

- Yo estoy de acuerdo- apuntó Deimos – Mis hombres necesitan matar, hace días que sus aceros no prueban la sangre.

Antes de expresar su opinión, el nigromante dirigió su mirada hacia Turek, al igual que el resto del grupo. A estas alturas todos sabían que era Krahios quién planteaba casi todas las iniciativas pero siempre escuchaba juicioso al resto del Nudo antes de expresar su opinión.

-Yo voto por conseguir oro, pero de la forma más discreta posible. Enviemos a los huérfanos a robar algunas bolsas a los ciudadanos ricos de Farholde – contestó el hombre bestia con su voz ronca.

-¡No!, mis hombres necesitan acción, debemos enseñar a los débiles humanos a temer a los señores del Cuerno – interrumpió el drow.

Lentamente Krahios se pasó los dedos índice y pulgar por los colmillos, como solía hacer mientras se encontraba pensativo. El nigromante se planteaba hasta que punto le eran leales sus hombres al elfo oscuro y hasta que punto realmente necesitaba mantenerlos ocupados y darle salida a su sed de sangre para evitar deserciones y motines. Los elfos oscuros eran considerados criaturas inteligentes y astutas por el resto de razas civilizadas, pero a Krahios nunca se lo habían parecido, ¿qué clase de seres podían perder de vista sus objetivos a largo plazo para perderse en sus más bajas pasiones?. Por otra parte usar el miedo como arma era algo que conocía a la perfección y que siempre le había dado buenos resultados en el pasado aunque se corría el riesgo de que los humanos al sentirse aterrorizados se unieran y marcharan en masa contra el templo. Sin embargo estaba demasiado ocupado con sus experimentos como para tener que preocuparse por una posible insurreción de los elfos oscuros.

Krahios cruzó una mirada con Maldrek y éste se pronunció sobre el tema.

-Yo voto por obtener el oro de la forma más violenta posible para que la turba de paletos que vegeta en Farholde aprenda a temer a su auténtico señor, que siempre ha sido, es y será el glorioso Asmodeo.

-Yo voto por dejar que los elfos oscuros sacien su sed de sangre a condición de que siembren el pánico y dejen tras su paso un rastro de cadáveres mutilados. Que sean lo más imaginativos posible – se pronunció finalmente Krahios.

-Eso podéis darlo por hecho – sonrió Deimos mientras frotaba sus manos entrelazando sus dedos largos y delgados.

-Hay otro tema que nos preocupaba a todos como ya hemos expresado en reuniones anteriores. Las posibles represalias de Farholde por haber raptado a Sir Varin – prosiguió Krahios – esa junto a la dudosa lealtad del Séptimo Nudo son los mayores problemas que deberíamos, a mi juicio, solventar esta semana y tras meditar sobre ello someto a vuestro voto lo siguiente; enviar a nuestros hombres más discretos a obtener información en la ciudad acerca de posibles movimientos de la guardia o planes para rescatar a su gobernante del Cuerno. Al mismo tiempo acordaremos una reunión con el Séptimo Nudo con el objetivo de pedirles que averigüen la misma información y por último enviar mensajeros al Barón Vandermir con la misma petición. Cuando reunamos todo contrastaremos las tres fuentes y veremos quienes nos son realmente leales.

El resto de los señores del Nudo se tomaron su tiempo antes de responder a la sugerencia, algunos intentando visualizar el plan y otros rememorando su odio por los componentes del Nudo rival y su desconfianza del barón.

- Sin duda lo apoyamos – respondió Turek con voz atronadora mientras pensaba como le gustaría sentir el cuello de aquella bruja de pelo blanco entre sus garras.

- Perfecto- apuntó Krahios mientras transcribía el resultado de la reunión de esta semana en sus notas personales.

Uno a uno fueron abandonando la sala de guerra dejando solo al nigromante y sus servidores. Krahios se reclinó sobre su asiento mientras sus ojos iban moviéndose de un mapa de la pared a otro. De un mapa del Cuerno elaborado por él mismo a una mapa detallado de la ciudad de Farholde. Adrastrus había sido muy inteligente. Dos Nudos independientes con dos misiones distintas, cada uno desconociendo las actividades del otro, desconfiando entre ellos pero al mismo tiempo trabajando en un objetivo común. Krahios no tenía ninguna duda de que el Séptimo Nudo planeaba su traición contra el Cuerno. El orgullo de Zadaria había sido ofendido desde el momento en se les designo para dar apoyo mientras la tarea principal recaía en el Noveno Nudo. Sin duda Adrastrus habría deducido todo esto. Él tendría claro que sólo uno de los Nudos se mantendría con vida cuando se llevara a cabo la invocación de Vetra Kali. Dejaría que ambos grupos se mataran entre sí para asegurarse de que sólo los más aptos seguirían adelante con sus planes. Ese era el destino de quienes servían a Asmodeo, ese el destino de quienes tenían la voluntad suficiente para seguir la senda de los malditos.

Comments

Excelente pre-relato, retrata muy bien cómo son las reuniones semanales del Nudo.

Un + para la siguiente sesión!!

Presesión 24
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